Obispo de Arecibo llama a proteger la familia y a los derechos de los niños en el nuevo Código Civil

El Obispo de Arecibo, Monseñor Daniel Fernández Torres, pidió defender los derechos naturales de todo ser humano “desde el momento de la concepción hasta su muerte natural” y los de la familia como institución, tras ser invitado a participar del Primer Simposio titulado: “Propuestas para un nuevo Código Civil”.

La actividad se llevó a cabo el 26 de junio, desde la 1:30pm, en el edificio de Medicina Tropical del Capitolio. Al evento acudió el Presidente de la Comisión de Pastoral Familiar de la Diócesis de Arecibo, el Padre Víctor Rojas, en representación del Obispo.

“Quiero destacar que mi intervención no pretende entrar en particularidades sobre la redacción de ésta o ninguna otra ley, pues corresponde a los laicos, no a los Obispos, ordenar las realidades temporales de acuerdo a los valores del Reino. Por lo tanto, me limito, como padre y pastor de la iglesia que peregrina en la Diócesis de Arecibo, a recordar las verdades fundamentales sobre la naturaleza del ser humano y sus derechos, que hunden sus raíces en el derecho natural reconocido en el preámbulo de nuestra Constitución”, expresó el Obispo en sus declaraciones escritas, enviadas por medio del Padre Víctor, previo al inicio de las ponencias.

Al respecto, destacó la protección del derecho a la vida desde el momento de la concepción hasta su muerte natural, la protección del derecho a la objeción por conciencia y la libertad religiosa de ciudadanos e instituciones y la protección del derecho natural de todo niño a un padre y una madre, en materia de adopción y de procreación asistida. Sobre esta última, dijo que “además de atentar contra la dignidad del ser humano concebido cuando lo convierte en sujeto de descarte, objeto excedente, producto de experimentación, sometido a la congelación y cuya vida depende los deseos de quienes pagaron su ‘fabricación’ o de la clínica que reclama su ‘propiedad’, se convierte en una forma de esclavitud moderna cuando se mercantiliza la vida, convirtiendo al niño así concebido en un objeto, sujeto de contratos, estándares de ‘calidad’ y transacciones comerciales que, incluso, le arrebatan el derecho a un papá y a una mamá”.

“Ésta es la nueva forma de discrimen contra los más vulnerables, cuando nuestra ley reconoce, por un lado, el derecho de los niños concebidos de forma natural a ser protegidos y, por otro lado, permite que se trafique seres humanos concebidos artificialmente, poniendo como único criterio para su destino final las cláusulas establecidas en el contrato de compra-venta, o que se asesinen mediante el aborto a aquellos que no llenan las expectativas de los adultos involucrados”, puntualizó.

De igual modo, recordó que “que ningún tribunal ni ningún ser humano puede cambiar la verdad sobre la naturaleza humana”. En ese sentido, afirmó que el matrimonio “sólo es posible entre un hombre y una mujer” y que la familia, “tal como fue instituida por el Creador, debe ser siempre protegida en su estabilidad, debe ser reconocida en su función social insustituible e incomparable cómo célula misma de la sociedad y promovida, por el mejor bienestar de nuestros niños”.

“Ya nuestra sociedad está sufriendo las consecuencias de no haber protegido esta institución fundamental, con la terrible ola de divorcios y de relaciones sin compromiso, que han llevado a nuestras mujeres y a los niños en muchas ocasiones a la pobreza y el sufrimiento. Las leyes deben reconocer y proteger los derechos de la familia. No solamente de las personas como individuos, sino también de la familia como institución. La familia tiene derecho a la existencia. Cuando el estado no protege a la familia, se dirige hacia la destrucción de la sociedad”, concluyó el obispo arecibeño en su escrito.

En declaraciones posteriores, el Obispo puntualizó su oposición a toda propuesta que en la línea de estos principios, atente contra la dignidad del ser humano y la moral, como las propuestas de fecundación “post mortem” que pretenden procrear hijos de personas muertas, la donación anónima de óvulos y espermatozoides, así como posibles interpretaciones que abran la puerta al cambio de sexo en el certificado de nacimiento.

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